Fue así como en el estrecho camino que cruza diagonalmente la plaza del barrio, me dirigía como todos los días a la parada del colectivo. La plaza estaba sufriendo modificaciones a raíz de que estaba proyectado en ese espacio la construcción de un dispensario para el barrio. Parte del paisaje sonoro de aquella anteriormente tranquila esquina, hoy el movimiento de gente trabajando y el ruido de maquinas rompían la rutina de la espera del colectivo. Para variar, no llegar en el tiempo preciso a la parada implicaba una espera aveces eterna, y ahí es cuando decidimos aveces mirar al cielo y entretenernos encontrando formas en las nubes y observar cuanto tiempo demora en desaparecer el conejo que acabamos de visualizar, pero lo cierto es que es difícil concertarse cuando la apisonadora entra en funcionamiento. Hoy paso de mirar las nubes y mejor me encuentro una escapatoria diferente a la incomoda espera.
Al ver hacia el costado del banco encontré una hermosa flor que crecía solitaria en aquella esquina de la plaza y lo primero que me llamo la atención es que al ver su entorno no había otra igual. En esa situación es fácil desvariar pensamientos asique al igual que con las nubes vi moldear mis ideas como si fuera un cumulo de nubes y se me ocurrio pensar que tal vez esa flor corría peligro en ese lugar donde había crecido, ¿y si acaso algún trabajador de la obra la pisaba? ¿o si es parte de la remodelacion erradicar ese banco donde me sentaba y junto con el banco desaparecía la flor?. Un espíritu de justicia botánica se apodero de mi, pensaba de que forma podria "salvar" esa flor, pero el colectivo se asoma en el horizonte de los confines del barrio y anuncia que esta heroica tarea deberá esperar a mañana. Al otro día, volví a la plaza, misma rutina, pero el colectivo llego al instante y ni siquiera tuve tiempo de volver a entrar en ese estado de pensamientos profundos, a seguir con las obligaciones cotidianas nomas.
Tecer dia desde el llamativo avistamiento, me encuentro de franco pero sin embargo voy a la plaza con una estúpida excusa de que necesitaba cargar la tarjeta (en verdad lo necesitaba, pero ¿era necesario ir hasta la parada?) llegue al banco mire la flor y se me ocurrio volver a mi casa, buscar una palita de jardinería y una maseta y llevarla a mi casa, y ahi golpeo a mi cabeza el destello de iluminación que aveces solemos tener.
Hay ciertos eventos en los cuales es mejor no intervenir, quizás todo gran rosedal natural comenzó con una pequeña y solitaria rosa y ahi estaba yo queriendo intervenir sobre asuntos que no me competen, generando inclusive un sentido de pertenencia al querer llevarla de aquella plaza y privar al barrio de observar lo mismo que yo. Decidí confiar en la suerte y terminada la obra nada paso con aquella flor que se encontraba cerca del banco, ahora puedo apreciarla y saludarla internamente cada vez que espero el colectivo.
Mejor seguir viendo nubes, ellas si que son inalcanzables y jamas podremos poseerlas y eso es lo bello, están ahí para que todos podamos volar en sus formas y sentir por momentos lo pequeños que somos ante los grandes secretos de la naturaleza.
Este entramado de palabras es de una forma u otra es una leve analogía de aquellas personas que se cruzan en nuestro camino y cautivan nuestra atención. Aveces cometemos la imprudencia de idealizar sobre ellas, inclusive tener pensamientos posesivos en los cuales nosotros determinamos que es lo mejor para esa persona. Ojala nunca lleguemos al punto de sacar la pala jardinera y desterrar a esa persona de sus raíces, los vínculos entre las personas deben de respetar los espacios de cada uno y por sobre todo regar la relación si queremos ver un rosedal que nos envuelva.
Por Emiliano Misside.
No hay comentarios:
Publicar un comentario