sábado, 18 de abril de 2015

El otoño y la primavera



Quizás esta sea una de las historias mas complejas que bebí de la fuente de la creatividad. No vino ami como cualquiera de mis otras tantas historias, sino que fue un susurro al oído, el cual me detuve con mucha atención a escucharlo, y de el nacieron estos pensamientos que se transformaron en una particular historia de amor, si se quiere decir. El verdadero merito no debo atribuírmelo, pues en verdad, esta es una historia que me la contó el mismísimo viento, quien es tan ancestral y sabio como la propia tierra. 
Vino en mi ayuda por que harto de contemplar a un joven que pierde su mirada en el horizonte en búsqueda de respuestas, se decidió a ejemplificar mis complejos e irreparables pensamientos en pequeños hechos que hicieron a la formación de la vida en la tierra (Si el lo dice, así debe ser...) y así poder encontrar en ellos una salida a mi omnipresente melancolía.
-Muy bien señor viento, soy todo oídos a su imponente sabiduría. - Me/le dije, pero nada pude escuchar, dentro de mi cabeza el susurro se volvía totalmente inestable, como si la reacción de la bomba atómica estuviese replicando dentro de mi cerebro en forma de ideas y signos de interrogación. Ahí fui cuando comprendí su primera enseñanza, la cual me fue entregada sin necesidad alguna de que emitir una sola palabra, solo comprender de que las respuestas que buscaba, por parte de el, no las encontraría aquí en plaza del barrio, sino que debía buscar un lugar a solas con la tierra y la naturaleza. Allí el viento y su halo de vida se harían presentes y podría , ademas de escucharlo, escuchar también mis propias verdades que la estrepitosa vida que llevo no me deja escuchar.
Ahora si, nuevamente me dispongo a escucharlo, pero esta vez en el lugar apropiado, cierro los ojos y una brisa de tintes mágicos me acaricia la cara, puedo sentir su relajante soplo, el cual me afloja los hombros y me sienta sobre una burbuja de aire que poco a poco se despega de la superficie rocosa, me balanceo sobre una paz difícil de explicar y finalmente lo puedo sentir dentro de mi cabeza.

" El otoño juro un eterno y profundo amor a la Primavera, la cual era bella como solo ella misma podía ser, y el por su parte, a duras penas se siente justo merecedor de tal conquista.
Ella amaba las flores que copaban los jardines del paraíso, y a cada paso que daba, brotaba el amor por doquier. Su filosofía no era de encontrar complicaciones en la vida, sino mas bien, enfrentar cada circunstancia con una sonrisa que evoca un sublime optimismo, y ni hablar de su talento para manifestar la alegría a través de su cuerpo.
 El otoño, en cambio, era mas bien un ser reservado, amante de la reflexión y la renovación. Quien se posaba junto a el, podía sentir como su vida era una y otra vez re-visionada, y en su cálida escucha, cualquiera podría encontrarse en una gustosa y amena charla. Profesaba una pedagogía del entendimiento, y enseñaba de encontrar las respuestas en uno mismo, pero su manía de desvestir constantemente la vida, re pensarla una y otra vez, dieron por resultado esa característica notable de el, la caída de las hojas de los arboles otoñales, un signo de renovación, quizás, pero un gran dolor de cabeza para quien busca el sosiego y una postal estática y colorida de la vida.
Así es como estos seres, aparentemente distintos el uno del otro, cruzaron miradas una tarde mientras paseaban por el rió. No viene al caso saber detalles y los motivos que los juntaron en ese momento, mejor simplifiquemoslo en una expresión "Bellas casualidades de la vida".El otoño fue sorprendido por una veloz cachetada sobre cualquier suposición previa de lo que podía llegar suceder, era protagonista de algo que nunca antes había visto ni sentido, en  compañía de la primavera él sentía que florecía todo los gris que antes pudiese haber sido su vida, sentía que desafiaba las leyes de la naturaleza y que de él florecía una plenitud emocional descomunal, sentía como su espíritu se erguía como un titan ante el opresor pudor que alguna vez lo azoto, en fin, sentía que era el mismo. Mientras caía la noche, entre palabras y risas, ella recostó su cabeza sobre su hombro y fueron testigos de como el susurro de la noche les daba paso para sellar su amor, a las orillas de ese calmo y majestuoso rió.
 La vida les dio tiempo para conocerse, poco a poco los prejuicios del uno al otro se fueron derrumbando, para edificar sobre los escombros una relación cimentada en el respeto, la ternura y  el amor. Sus vidas se llenaron de alegrías y momentos memorables, pero toda historia no alanza su madurez sin antes llegar a las situaciones desafiantes, esas que nos ponen entre la espada y la pared y debemos jugarnos todo y ser valientes para conservar lo ganado.
 Bajo esa gran nube de anhelos, pretensiones y sueños, un oscuro pensamiento se gestaba sobre el saber del otoño. No sabia como, pero una mañana despertó pensando si realmente él era merecedor del paraíso que le fue entregado, ¿si algún día la primavera podía cansarse de su compañía y encontrar alguien mejor y abandonarlo?. El otoño, en su temprana sabiduría, se percato de lo que le estaba sucediendo, percibía como poco a poco se aproximaba el invierno, un ser que lo invitaba a recordar sus antiguos miedos y desconfianzas, y que si no lograba alejarlo de su corazón, pronto sus temores se volverían realidad. Ambos se conocían desde el génesis de la vida y el otoño sabia que cuando un ser aflojaba aunque sea un poco su voluntad y su fe, una brisa helada se apoderaba de su espíritu y hacia presencia el terrible invierno, portador de miedos y rencores.
 El otoño, preocupado, no supo que hacer ante tan oscura premonición y fue victima de su gélido toque, un golpe que el invierno asesta en el corazón de los seres y los distancia de lo que mas aman.
La primavera no pudo nunca comprender como de la noche a la mañana algo los distancio por completo. No tuvo tiempo ni forma de acercarse a su amado Otoño, que de manera extraña, buscaba distancia de ella y se recluía en la soledad nuevamente.
 Fue así como el invierno logro interponerse entre el otoño y la primavera, dos seres que aun distanciados, se encuentran al cruzar miradas en el reflejo de la luna, a orillas del rió que una vez vio florecer su amor, una noche de verano en el comienzo de los tiempos."



Por Emiliano Misside y el Viento

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