La terminal estaba vacía como jamás la había visto. Me gusta pensar este lugar con honda mística en transición, de gente que llega y gente que se va, encuentros y despididas, noticias que vienen a traer alegrías y otras que esperan una inevitable tristeza, como la que estaba por sufrir en carne propia. A todo esto no nos presentamos, mi nombre es Antonio Salvatelli, abogado y escritor de medio tiempo, y quien quien vi partir hace instantes, pero me niego a aceptarlo, es Clara Capello, meses atrás mi secretaria.
En este momento tengo un remolino de sentimientos que no logran encontrarse. Hace un año escribí un texto en que hablaba sobre el amor en contraposición al afecto posesivo, como el del hombre que admira a una flor, pero se niega a arrancarla de la tierra y decide admirar su belleza desde su raíz de origen, pero quien iba a pensar que ese pensamiento tan idílico, iba a ser en la realidad un verdadero trastorno para mis sentimientos. No puedo decir que vi a Clara florecer delante mío estos últimos meses, mas bien, debo aceptar que traía consigo mismo una impronta en la que era inevitable su éxodo hacia el éxito, pero debo admitir también que algo de merito puedo acreditarme en todo esto.
Mi vida como abogado se puede leer superficialmente como exitosa, trabajada con mucho empeño y sacrificio bajo el anhelo de alguna vez poder tener un hermosa casa con un despacho en el cual inspirarme y escribir largas y tendidas horas. Esto ultimo, al día de hoy no sucedió, y parece ser que mi mente se conforma con ver a la gente que aun decide invertir el orden de las prioridades preestablecidas, ese genuino espíritu rebelde de la humanidad de querer cuestionar los estándares culturales y sociales. Todo eso representa Clara para mi, es sencillamente la magia que teñí de una profunda paleta de colores, lo gris que a veces suele ser mi vida, gris como los pantalones de vestir y sacos con los que suelo atender a mis clientes, a los cuales parece fascinarles esta estética aburrida que ellos mismos deciden fomentar y proteger de cualquier viento reformador. Pero clara, clara es distinta, como si lograr un balance entre los socialmente aceptado y una sutil transgresión, fueran parte de ella de toda su vida, hecho que deja constar con la naturalidad que se desenvuelve. "Buenos días señorita, siéntese que vamos a hablar un poquito", le dije el dia que realizamos su entrevista laboral. Estaba necesitando una secretaria para organizar las citas con mis clientes y también coordinar el trabajo de mi socio. Ella, de avanzada edad para lo esperado en una joven que busca trabajo, se presento de una forma que al día de hoy recuerdo tiernamente "Buenos días señorito, me siento y espero que hablemos muchito, no quisiera aburrirlo en la primera impresión" y me largo una sonrisa/carcajada de esas que evidencian su tranquilidad en la situación.
Ese fue el comienzo de unos meses mágicos en mi vida, yo ya no tan jovial y divertido, me dejaba contagiar por la frescura de su juventud, y sentía que volvía a tener esa chispa de mis 20 años, en los que me afanaba de ser un elocuente orador. Clara era además de una persona muy alegre y amena para compartir su vida conmigo, era también una excelente confidente, prestaba sus oídos para que yo le contara las aventuras y desgracias de mi vida. Le conté de mis últimos fracasos amorosos, de mis anhelos de escritor, de mis 101 carreras posibles antes de decidirme por derecho, y ya no recuerdo que mas le conté, por que fueron tantas tardes entre trabajo y charlas.
Pero aquí llega lo mas importante, y es que Clara soñaba con ser Actriz. Me conto con lujos y detalles todo lo referido a su sueño, de las oportunidades que se le fueron presentando y como renuncio a ellas, de como postergo sus sueños y como se atrevió a volver a soñarlos. Me confeso de que su trabajo como secretaria consistía en ahorrar el dinero suficiente para irse a vivir a Brasil, lugar donde gracias a manejar bien el idioma, buscaba realizar un casting para una producción Televisiva de allá. Sentía que estaba formando parte de algo que quizás podia llegar a ser grande, y que quien se sentaba al frente mío todas las mañanas, era el éxito latente aun en su crisálida.
En fin, ese dia llego, junto el dinero necesario en este ultimo año y puso fecha a su viaje. Renuncio unas semanas antes y se despidió de mi con mucho afecto, diciéndome que era un hombre maravilloso y que merecía encontrar lo mejor para mi futuro. Le dije que había sido un placer conocerla y que de alguna forma le haría llegar mis buenos deseos, encuentre donde se encuentre. Fue breve la despedida ese día en que renuncio, algo carente de esa emoción que se le suele atribuir a esos fuertes momentos. Me arrepentí al llegar la noche, y pensé que lo mejor hubiera sido darle un abrazo y hasta expresar en lagrimas lo mucho que la iba a extrañar. Debía agradecerle por enseñarme que después de tantos años, podia abrir mi mente a oportunidades y posibilidades que ya había archivado, debía agradecerle algo de esa llama de vida que hoy deseo mantener mas fuerte que nunca. Pero todo lo que debía, murió cuando en el momento no me sincere con mis deseos, y di lugar a una despedida no a la altura de lo que mi imaginación me dicta.
Sabia la fecha en que viajaba, fui a verla partir desde la terminal y por motivos del transito y demás imprevistos, llegue corriendo para verla subir al colectivo, "ahi marcha una gran mujer", dije en voz alta, y una lagrima de alegría rodo por mi mejilla. Me alegraba por su determinación de ser quien quiere ser, me daba fe en la humanidad, pero para cuando el colectivo se fue, y minuto a minuto de su partida pasaba, empecé a sentirme vacío y triste.
Ahora pienso, de que su paso por mi vida tuvo solo un motivo primordial, el de darme una bofetada de realidad y hacerme ver lo necesario de tomar las riendas de mi vida, aun en mi avanzada edad. Se lo que voy a hacer y ya nada puede detenerme, muchas gracias Clara Capello por ser la inspiración que necesitaba para afrontar mi destino.
Esa misma noche, agarre la agenda, busque el numero de ella, lo marque en el teléfono y la invite a tomar un café diciéndole: "Hola Caro, tenemos mucho de que hablar...".
FIN
Este texto fue escrito usando una modalidad que suele ser de mi agrado a la hora de sentarme a escribir. Consiste en una forma de escritura espontanea en la que trate de expresar una sensación de la vida a través de párrafos estructurales en los que no me permito borrarlos para ordenar las ideas, simplemente que vayan saliendo en el orden que la espontaneidad sugiera. Guardo mucho afecto por este tipo de textos, y por sobre todo, en las personas en las que pienso mientras los escribo.
Emiliano.
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