martes, 28 de julio de 2015

Nos conocimos

Nos conocimos como se conocen todos los desconocidos. Un juego de miradas iniciales, quizás una mas insistente que otra, quizás una mas esquiva y otra mas atrevida e insistente pero en fin, nos conocimos de la forma que cualquier persona lo hace. Vuelvo con las miradas y posterior dialogo torpe, si bien ya no recuerdo bien como fue pero seguramente de mi parte viene tal torpeza, no suelo ser bueno para desembarcar en el espacio interpersonal de las personas, menos cuando mi cerebro es incapaz de discernir entre lo que debe ser un dialogo "normal" y el hecho de pensar donde estoy posando mis ojos, quizás perdidos en su mirada, apreciando sus labios o echando un vistazo general a todo su cuerpo, mientras, me cuenta algo de su vida en lo que intento reparar en un gesto que le demuestre que muy atento la escucho, si si, asi es. Si tengo que narrar literariamente la evolución de la relación que prosigue a ese primer encuentro, debería prolijamente capitular momento por momento, escena por escena de cada capitulo, gesto a gesto y pensamiento por pensamiento, me seria una falta de respeto obviar el mínimo detalle, por que es en los detalles donde reside la magia.
Hace poco empecé por cuestionarme la veracidad de dicho momento en que la conozco, creo que no fue exactamente donde y cuando recuerdo, si no mas bien en un espacio tiempo que no es el que me amanecen los ojos todos los días. Quizás allá por tiempos lejanos, quizás década del 30´, quizás en una bodega de baile me veo en un escenario, bien vestido pero de forma austera, tengo colgado sobre mi cuello un saxo en el cual junto a una banda animamos a los bailarines con una bella interpretación de Sweet Georgeas Brown. No voy a seguir repitiendo la palabra quizás, creo que a esta altura el lector debe por interpretar que todo lo aquí escrito se basa en supuestos de otra dimensión posible.
Acabo de terminar de tocar la parte del solo que me corresponde, me emociona mucho esta canción, me genera cierta adrenalina y entusiasmo cada vez que la interpreto, francamente me deleita escucha el solo de trompeta que me sigue y ni hablar el de guitarra con el que cerramos la vuelta de solos y damos lugar nuevamente a las cuerdas para que canten la canción. Mientras Robert Snow, trompetista, ejecuta su solo me doy un breve espacio para observar la gente. Siempre es muy gratificamente ver desde el escenario los frutos de lo que ahí arriba hacemos, la gente esta feliz, baila y todo es fiesta, algunos están acompañados por sus parejas, otros simplemente se van a enamorar de la música y a escuchar la magia que sale de nuestros instrumentos. Cada noche es distinta, de eso puedo dar fe, parejas que se unen, personas que ahogan sus penas, personas que están a minutos de proponer matrimonio a su invitada especial y cualquier cosa que se le ocurra, todo puede pasar en esos espacios donde todo esta permitido, excepto no alegrarse.
Para confirmar que esa noche fue distinta, juro que mientras mi amigo trompetista Robert desplegaba magia mire entre las personas a una mujer con pañuelo amarillo en la cabeza que termino por volar mi mente. Como describir su danza, imposible no sucumbir en su magia, en su gracia y en su encanto, era hermosa por donde se la vea y este saxofonista estaba totalmente dispuesto a conocerla cuando la banda termine su presentación.
Los músicos limpiaban sus instrumentos como era habitual después de un show, pero el saxofonista apuro la limpieza y salió detrás del escenario a buscar a la mujer que parecía acompañada por una mujer mayor. La intercepte y le di las felicitaciones por su reciente conquista, ella sorprendida se sonroja y riendo me pregunta a cual conquista me refiero, pregunta a la que le adjunto una amable sonrisa de vuelta, le conteste que me refería a su conquista de mis ojos y posterior conquista de mi corazon. En esta parte hay una interferencia importante en mis recuerdos de veracidad no comprobada, quizas me salio bien ese intento de conocerla, quizas no y tuve que remar el triple por tal exabrupto, pero creo que fue el comienzo, el comienzo de algo que a la larga resulto bien. No voy a ahondar en detalles posteriores a esa entrada triunfal en su vida, solo que a ese momento le siguieron unos paseos nocturnos por los parques mas bellos de la ciudad, encuentros especiales y el génesis del amor.
Ahora si, vuelvo a decir quizás, por que quizás se allá olvidado, estimado lector, que todo esto era un supuesto. Me gusta pensar que existe la mágica posibilidad de que en multiuniversos ya nos conocimos, que vivimos mil y un veces ese primer encuentro y que por alguna extraña razón, el amor se filtra entre dimensión y dimensión, haciendo de esta relación algo tan maravilloso que una vida sola no cabe para explicar lo mágico que puede ser todo esto.

Emiliano Misside.

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